Sobre aves y dioses

Es un pajarito negro y feo; chiquitito. Sus patas son rojizas, y y sus picos, negros en el invierno y amarillos en el verano. Se llama estornino. Sin embargo, en bandada, son un espectáculo. Cientos, miles de ellos vuelan formando un inmenso animal, que se llama rumor. Como si hubieran sido adiestrados para protagonizar un desfile aéreo, no sólo vuelan con una organización impecable, sino que incluso dibujan con su trayectoria figuras perfectamente delineadas en el cielo. Cientos, miles de cerebros, cerebritos, conectados por invisibles, mágicos hilos que forman en el aire dragones, rostros, gotas… La sociedad actual se comporta como esta parvada negra, oscura. Nuestro pensamiento baila, veleidoso, con el de los demás. Un pensamiento único, acompasado por medias verdades y medias mentiras que transmitimos en esa consciencia colectiva que se llama ya sea WhatsApp, ya Facebook, ya Twitter. Renunciamos a la individualidad para formar piruetas y sumergirnos en las corrientes. Yo no soy Pablo; soy, junto contigo, masa. Somos, al fin y al cabo, estorninos. Y por eso prefiero a los cuervos. También negros y feos, pero individualistas y listísimos.

Pablo A. Cicero Alonzo

Los cuervos recuerdan durante años los rostros de los investigadores que los han capturado y manipulado para medirlos o marcarlos. 10 Cuando ven a esas personas por el campus, les graznan con fuerza. De esos graznidos, otros cuervos aprenden quiénes son esos individuos aparentemente malos y peligrosos, y dan la señal de alarma cuando los ven. Los investigadores recurren ahora a máscaras o disfraces cuando capturan cuervos para que después no les chillen durante años. Estas aves y nosotros los simios tenemos cerebros estructurados de forma distinta (nosotros tenemos el neocórtex de los mamíferos con la ampliación de los simios, y ellas el neopalio de las aves con la ampliación córvida). Pero las grandes mentes piensan de forma similar, y algunas de nuestras habilidades mentales convergen. Dos científicos escribieron que «los cuervos de Nueva Caledonia, y ahora los grajos, han demostrado que igualan, y en algunos casos superan, a los chimpancés en tareas físicas, lo que nos lleva a cuestionarnos nuestro concepto de la evolución de la inteligencia». Los investigadores han llegado a la conclusión de que, en general, los cuervos y sus parientes «muestran una inteligencia similar a la de los grandes simios». ¿Quién lo habría dicho? ¿Qué más sorpresas nos esperan?

El dios nórdico Odín, a pesar de ser el padre de todos los dioses, tenía algunas deficiencias en la vista, la memoria y el conocimiento. Sólo bebía vino y sólo hablaba en verso. Necesitaba algo de ayuda para apañárselas. Así que quienes compensaban sus defectos divinos eran los dos cuervos Hugin y Munin (mente y memoria), que se encaramaban a sus hombros para traerle noticias del mundo entero. Olvidado en el panteón de los dioses, Odín fue resucitado por el escritor Neil Gaiman, en dos libros. El primero es una novela, titulada «American Gods», los últimos pataleos de deidades como Odín en un mundo que se niega a creer en el más allá. Más recientemente publicó la colección de cuentos «Mitología nórdica», en el que versiona los mitos de Odín, Loki y Thor. «Lo increíble de la mitología nórdica, es que los personajes son ellos mismos: ellos tienen defectos y son fascinantes», comenta Gaiman. «Tenemos Loki y sus tres hijos monstruosos. Tenemos Thor y los dioses siendo asesinados y convertidos en aguamiel por enanos malvados que son chantajeados por gigantes».